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  • Foto del escritor: Marina Pérez Muraro
    Marina Pérez Muraro
  • 2 may
  • 4 min de lectura

Actualizado: 16 may

Sábado 2 de mayo. Ayer hicimos honor a la conmemoración del Día del Trabajo y descansamos. Hoy, Pablo trabaja, yo no tuve gimnasia porque Noelia se tomó la semana, aproveché el día frío y con sol para hacer jardinería de balcón, algo que venía pergeñando hace tiempo pero tenía que esperar al otoño. Hoy era ideal, el día está divino, trabajé lo más bien, trasplanté montones de plantitas (algunas sufrieron un poco la brutalidad de mis dotes de jardinera, espero que sobrevivan), agregué tierra a otras macetas que no trasplanté, reordené el balcón, el estante interior, metí las manos en el barro, limpié el estropicio del living, y me dediqué al almuerzo con Manuel, muerta de hambre ya. Lavé los platos después. Me quedaron las manos ásperas, me tuve que poner crema (no uso casi nunca). De los propósitos para el sábado, todavía me queda un montón por cumplir (por ejemplo, hacer gimnasia en casa para compensar la no clase de Noelia) pero ahora decidí descansar y escribir. Hace mucho que no escribo, pasó abril completo sin ni una línea acá. Y cambio de instrumento de escritura porque este me incomoda.

Volví. Antes estaba con un marcador violeta de punta gruesa, ahora con una birome verde clarito. Estoy mejor.

Todo abril sin escribir, qué barbaridad. Y antes, casi todo marzo, y medio febrero. Muy poca producción, ts ts (sonido mental reprobatorio). ¿Justificativo? Mucho laburo, mucha atención parental, poco tiempo libre. Ok. Todo real. Hasta leí poco, también. Y vimos pocas películas. Lo lamento pero no por el índice de productividad . El hábito regular tiene muchas ventajas, es muy placentero. Las ausencias, en cambio, me debilitan.

Es muy curiosa la palabra ausencia, ya pensé en ella cuando extrañaba a Silví (no dejé de extrañarla, pero convivo mejor con su ausencia). Llamar "ausencia" a los lapsos sin escritura es llamativo. Quiere decir que la libreta está disponible, los instrumentos de escritura también, pero yo no me presento a su encuentro, incluso aunque haya acarreado libreta y birome todo el fin de semana por si se presentaba la ocasión (no se presentó la oportunidad, tampoco me presenté yo). Lo interesante es que si estoy ausente de un lugar, es porque debería estar presente; sin una obligatoriedad de presencia, no hay ausencia. Todo el tiempo estoy ausente de millones de lugares y eventos en simultáneo, solo me pueden reprochar ausencia donde un deber me reclamaba estar. Me ausenté de escribir; fueron ausencias justificadas, pero fueron ausencias. De un acto íntimo, privado, que no incumbe a nadie; la perentoriedad la pongo yo. Pero falté, no lo hice, no actué.

Hay otro tipo de ausencia que se da junto con la corporalidad, cuando "nos quedamos ausentes" pero nos quedamos, ahí estamos, nuestro cuerpo está pero nuestra mente parece no estar ahí, estamos en Babia, en la luna de Valencia, en los cerros de Úbeda, vaya uno a saber dónde. Eso sí que no puede pasar con la escritura, ni siquiera con la escritura automática. O estoy en cuerpo y alma, o no escribo. Lo que sí puede pasar, y pasa muchas veces, es estar presente persona, libreta y birome y no saber qué escribir. Pero no pasa porque la mente esté ausente, pasa porque escarbamos en la mente y no encontramos nada. Por eso lamento mis ausencias, porque la práctica de escarbar ayuda a encontrar algo más rápido. Ahora digo "escarbar" pero otras veces dije "pescar", como Virginia Woolf. Aflojar los tornillos, las tensiones, detener la maquinaria cotidiana, suspender el tiempo reglamentado, disolver los límites entre adentro y afuera, abrir las puertas de la percepción. Tal vez era inevitable que hoy, antes de sentarme a escribir, hiciera jardinería de balcón, para estar varias horas con el cacho de naturaleza que tengo al alcance de mi mano, solo cuerpo y movimientos, tareas, para limpiar la mente de las urgencias cotidianas antes de presentarme a escribir.

Tareas: otra palabra que vengo usando mucho últimamente, justamente para sacármelas de encima: renuncié a varias tareas que me habían adjudicado y yo había aceptado hace años, y sigo desentendiéndome de tareas laborales. Fue consecuencia del aumento de tareas filiales, no podía con todo, algo tuve que dejar. En todos los casos, fue un gran alivio. No extraño ninguna de las tareas a las que renuncié.

Así que acá estoy, presente, ahora con una birome azul a la que le costó arrancar a escribir, como a mí. Silvia está muy presente porque antes de ayer Pablo y yo cenamos con Inés y Johana y hoy saludé a Natalia por su cumpleaños. Silvia, Silví, Silvita, te sigo extrañando. Tampoco está Marcos, ayer fue su primer no cumpleaños. Me gustaría encender una vela por ellos.

El cielo está completamente despejado, despojado, celeste sin nubes. Las copas de los árboles, todavía verdes aunque ya un poco amarillean por el otoño, están iluminadas por el sol, pero mi balcón, no. Estoy en el silloncito del living, con la libreta apoyada sobre mi muslo derecho, doblada sobre sí misma. Enfrente mío está la tele y al lado de la tele, hacia la ventana, el estante de macetititas que completé hoy. Espero que las plantas estén contentas ahí.

Me quedé mirando el balcón y se me ocurrió que debería cambiar de lugar dos o tres macetas grandes que hoy no toqué. Primero se me ocurrió invertir dos entre sí y después pensé invertir la primera con la tercera. Estoy tentada de hacer eso ahora, antes de que haga más frío afuera, y después ponerme con la clase de gimnasia casera. ¿Dejo acá? ¿Suficiente escritura por hoy?

2.5.2026

Al final, intercambié cinco macetas de lugar; y después, dos inversiones mediante más, la "primera" de la izquierda quedó primera de la derecha. Es lo que tiene mover macetas, cuando una empieza, ya no puede parar.



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